Juan negó con la cabeza.
—No lo compré yo.
—¿Qué?— Las dos mujeres se quedaron atónitas al escuchar eso.
Cristina expresó su escepticismo.
—Señor García, qué discreto eres.
De repente, vio la bolsa que Juan llevaba en la mano y sus ojos se iluminaron.
—Señor García, ¿esto está lleno de dinero, verdad? Escuché que a los ricos les encanta usar efectivo.
Sin esperar la respuesta de Juan, dio un paso adelante, tomó la bolsa de su mano y la abrió. Al instante, su rostro se puso verde.
No había din