—¡Mentiras! ¿Cuándo he matado a tantas personas inocentes? —replicó desesperada la mujer de blanco, al escuchar las acusaciones en su contra.
Uno de los hombres, sin dejarse convencer, replicó:
—¡Señor Juan, no se deje engañar por las melodiosas palabras de este espíritu maligno!
—¡Exacto, señor! Debe hacer justicia. Si no fuera por usted, seguramente ya habríamos caído víctimas de esta horrible criatura —añadieron otros dos hombres, convencidos por los rumores que habían escuchado.
—¿Alguno de