—Sí, estoy bien, pero tú, ¿dónde estás herido? —preguntó Alicia, preocupada, mirándolo detenidamente.
—Tranquila, está bien. Solo está agotado por las batallas, pero no tiene heridas graves —respondió en ese momento Atanasio, observando a Juan y, con un gesto rápido, lanzó una píldora hacia él.
—Es un experto de la Secta de la Medicina y el maestro de Bernardino —explicó Alicia, atrapando con agilidad la píldora y ofreciéndosela a Juan.
Juan no dudó ni un segundo y, sin temor alguno a que hubier