Al escuchar estas palabras, todos se quedaron estupefactos.
—¡Imbécil! ¡¿Cómo te atreves a insultar a la Santa?!
—¿Qué? ¡¿La Santa ya está casada?!
—¡Estás buscando la muerte!
—¡Mátalo! Nadie puede insultar a la Santa.
—¡Los que calumnien a la Santa deben inevitablemente morir!
No solo Adriel tenía una expresión sombría.
Los demás miembros de la Hermandad del Veneno Silente, que se encontraban arrodillados en el suelo, también se levantaron furiosos y atacaron a Juan.
Sin embargo, aunque hubiera