Al ver el ataque inminente, Marta se levantó, dejando que su energía vital fluyera fde forma gradual en su cuerpo.
En ese instante, las serpientes que rodeaban al líder se agacharon. Sus cabezas, que antes estaban erguidas con agresividad, se aplastaron temerosas contra el suelo en señal de sumisión.
El líder, al ver este repentino cambio, se detuvo por un momento, pero luego comprendió lo que en realidad sucedía.
—Santa, aunque logres emitir la fragancia de los insectos sagrados, que asusta a e