—¡Muchacho, no me digas que sigues siendo virgen! —La voz burlona de Agustín resonó con fuerza en la mente de Juan.
Eso hizo que Juan se sintiera aún más avergonzado.
—¡Cómo pude olvidar que Agustín puede verlo todo! La próxima vez, tendré que acordarme de bloquearlo, —pensó en ese momento Juan para sí mismo, dándose un pequeño regaño interior.
En algún rincón misterioso de la torre de Luzaria, de repente una figura apareció en una de las sillas del salón.
—No puedo creerlo, incluso el Quinto Gu