Observando la espalda de Juan mientras se alejaba, el Rey del Rayo sintió cómo un fuerte escalofrío recorría todo su cuerpo, aún temblando por el miedo.
—¡Vámonos, regresemos a Solestia!
Juan notó que el Rey del Rayo estaba paralizado. Con un golpe ligero en la espalda, lo despertó diciendo:
—Sí, claro, general. Tenemos que apresurarnos en este momento. Tal vez aún podamos salvar a los miembros de la Orden del Dragón Celestial, —respondió el Rey del Rayo, ya consciente de la urgencia de la situa