—¿Señor usted aquí?
—¿Si? presentía algo, pero no sabía exactamente qué podía ser....
—Tu historia me hacía pensar en alguien —dijo el anciano. —en eso apareció Miley en la puerta y ordenó a Gabriela irse adentro.
—Ve adentro mi niña —el viejo frunció el ceño.
—¿Mi niña has dicho? —dijo de forma irónica.
—Si, eso a ti no te incumbe señor Kim, puede marcharse ahora mismo. —dijo con disgusto.
—En este caso, prefiero quedarme... te haré compañía —sentenció su voluntad.
—¡Basta, se puede ir! —gritó