UN ÁNGEL PARA LA BESTIA. Capítulo 27.
Gálata observó por la ventanilla, el recorrido que hicieron, mientras sus manos fueron atadas con la cinta adhesiva que la inmovilizó.
Se detuvieron frente a una alcantarilla en la cual ingresó siendo empujada por los hombres que miraron a la carretera para asegurarse que nadie los seguía. Sus pies le dolían, pero no pudo objetar ante nadie, llevaban órdenes que cumplir y ella solo era la carga que odiaron llevar.
Debían perder a sus cazadores porque de serlo ellos, ahora eran la presa para lo