UN ÁNGEL PARA LA BESTIA. Epílogo.
Ver a sus hijos dormir plácidamente, ir a reuniones del colegio del mayor de ellos o ir a mostrar el apoyo en competencias escolares, oír a su esposa hablarle de cosas simples como la compra de algo en el camino, solo por que le gustó o su trabajo en el laboratorio, como también sus reuniones con grupos, debido a su cargo de primera dama.
Todas esas cosas eran el día a día Marcelo con su familia. Cotidiano y simple, pero único para él, quien no quiso perderse nada, pues el tiempo volaba y sus