UN ÁNGEL PARA LA BESTIA. Capítulo 38.
Pese a los días ocupados que comenzó a tener, Gálata siempre tuvo el tiempo de quedarse solo sintiendo las patadas de sus hijos cuando se volvían locos, más cuando Marcelo se hacía presente en el lugar.
Como si reconocieran quien era, desde que comenzaron a moverse, no pudo detener la aceleración que ocurrió en su abdomen cuando el gobernador aparecía por la puerta. Para él ver el crecimiento de sus hijos día con día fue una experiencia que no quiso perderse, por lo que sus días desde que tomó