43. Un grave error
Una vez se quedó sola, la inquietud por saber cuál era la demora de Noah, la llevó a caminar a pasos lentos hacia la puerta de la habitación donde estaban él y Charlie. Una sonrisa se le marcó en su rostro, la puerta estaba entreabierta y escuchaba como Noah le leía un cuento al pequeño Charlie, que se había despertado en algún momento.
—¿Ale? —preguntó Noah al ver una sombra afuera de la habitación.
—Perdón, no quería interrumpir —se excusó al asomarse por la abertura.
—No molestas…
—Ale, buen