36. No tenías que hacer todo esto
Ale no le discutió, no tenía fuerzas y, honestamente, tampoco ganas, aunque se sentía un poco culpable por distraerlo de sus labores para cuidarla a ella enferma, se sentía que abusaba de su amabilidad. Noah la depositó sobre la cama con cuidado, quitó sus zapatos y la cubrió con la colcha.
—Voy a buscarte algo para aliviar el dolor —dijo él, y sin esperar respuesta, salió de la habitación en busca de agua y el medicamento que seguramente estaría en camino.
Ale cerró los ojos, dejando que la os