15. Hay que arriesgarse
Mientras Ale estaba indecisa respecto a lo que haría con Noah, su celular empezó a sonar en su bolsillo. Sin mirar la pantalla, contestó, pues sus ojos seguían fijos en un cordial y atento Noah, que regresaba a darle algunas indicaciones a la mujer mayor, que no dejaba de jugar en la máquina tragamonedas.
—Aló —contestó.
—Traje algo para que comamos juntas, ¿ya sales de trabajar? —preguntó Grace, sin necesidad de saludar.
—¿Ya estás en el apartamento? —La llamada de su amiga la sorprendió, pues