El día había empezado desde hace algunas horas, eran las nueve de la mañana y Hansel estaba por irse a Seattle, Damián lo acompañaría junto a Mía a la pista dónde estaría el Jet esperando por el pelinegro. Mía y Hansel me habían invitado a qué los acompañase, pero casi pude oír el rugido de furia que soltó la bestia en su mente, y la verdad no me apetecía estar junto a él encerrada en un auto por quién sabe cuánto tiempo.
Justo ahora estoy caminando rumbo al recibidor para despedirme de Hansel