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Me sentía asqueada, violentada, quería y deseaba huir de aquí, pero, primero rogaba por ver a este hijo de puta muerto. Cerré mis ojos imaginando como clavaba un puñal en su pecho, quería matarlo con mis propias manos.
—¡¿Qué haces?! —le pregunté al verlo tan concentrado limpiando mi cuerpo.
—¿No es notorio, Vicky? —contestó haciéndome parecer una tonta.
—¡Ya sé! estás tratando de limpiar tu conciencia después de haber secuestrado a una jovencita—su mirada se tornó tensa, podía ver la cólera