**SANTIAGO**
Veo cómo Leonardo se tensa al escuchar las palabras de Camila. Su expresión, que momentos antes parecía controlada, se desmorona con un simple enunciado:
—La boda tiene que ser la próxima semana.
El silencio que se instala después de eso es casi físico. Leonardo no dice nada, pero sus manos se cierran en puños sobre sus rodillas. Lo conozco lo suficiente como para saber que está a punto de estallar.
Y entonces soy yo quien rompe la tensión.
—A ver, chicos… tranquilos —mi voz sale m