54- Abriendo los ojos.
Su mente era un laberinto sin salida. Augusto vagaba perdido en un mar de recuerdos difusos y pesadillas recurrentes.
El pasado, una vez tan claro, ahora era una niebla que se disipaba entre sus dedos.
Adelaida, su fiel sirvienta, lo observaba con una mezcla de preocupación y resignación. Sus idas y venidas por todo el apartamento,eran más preocupantes,no se estaba quieto en un solo lugar,se asomó al balcón.
-Señor, mejor entre-le sugería con suavidad.
Augusto se volvió hacia ella, sus ojos es