Necesitando un poco de distracción y no queriendo llegar a casa en ese estado de angustia, decide entrar en el bar. Sin mirar a su alrededor y sin prestar atención a las miradas lascivas de los hombres del lugar, se acerca hasta la barra y se sienta en un taburete.
—Un Gin tonic, por favor —le pide al bartender—. Dos de lima —indica en cuanto el cantinero asiente con la cabeza.
Ella saca su celular de su cartera descubriendo que tiene varios mensajes de su hermano. No iba a leerlos, sabía que s