—Aquí tienen lugar —les comenta el joven que les había hecho señas—. Se han quedado dormidas, ¿verdad? —curiosa y divertida.
—Algo así —entona Aye al tiempo que toma asiente a su lado.
—¿Por qué tienen una mesa para seis u ocho personas y solo son ustedes dos? —pregunta Bonnie.
—Somos los incomprendidos —responde el chico rubio platinado mirándola de manera extraña.
—No es cierto, somos asistentes del profesor Dylan Johnson. Por cierto, soy Caleb —Les hace saber el joven que las invitó a se