—¿Dónde estabas? —Lo enfrentó una vez Bernadette salió de la habitación. —No te atrevas a darme la espalda. ―Exigió sin quitarle la mirada de encima. ―Llego aquí después de dos semanas y no te encuentro.
—Estaba divirtiéndome un rato. —Quitó su polo antes de entrar al baño.
—¿Estabas peleando? —Lo siguió al ver la mancha de sangre en su espalda. —¿Qué es lo que te pasa? ¿Cómo puedes ir a esos lugares donde están esas putas sin mí?
—Me conociste siendo un problemático, no quieras decirme lo que