—No saldrás. —Ordenó como siempre. ―Acabas de llagar a casa. ―Le recordó. ―Estoy harto de que pases más tiempo en ese maldit0 trabajo que aquí siendo mi esposa. ―Nancy dibujó una sonrisa en sus labios. ―Así que no saldrás de aquí.
—¿Y quién me va a detener? ¿Tú? —Le dio un beso en la mejilla y poniéndose en pie lo miró. —Mi cuñada está teniendo a mi sobrino y pienso estar ahí para el nacimiento. —Girando sobre sus talones se dirigió al baño. Debió irse directo al hospital, pero deseaba que él