Alina abrió los ojos lentamente, parpadeó, aún confundida y habló.
—Mi bebé, Ángel…
—Aquí está— dijo Dante y se lo pasó a la madre. Vio como ella miraba al bebé y luego a él, pareciendo incómoda.
—¿Qué? ¿qué sucede? ¿Qué está mal Ali? —acarició su rostro.
—Tengo que darle de comer—señaló entre carraspeos ella.
—¿Te da vergüenza que te vea? Tu… ¿no quieres que me quede? — Dante sintió una opresión en el pecho. Su chica vacilaba ante él, tímida y pudorosa con su cuerpo.
Fue tal la tristeza y