Alina abrió los ojos despacio. Se sentía tan liviana que le sorprendió. Las paredes eran blancas, olisqueó un poco y sintió un olor desagradable a antiséptico. Comenzó a latirle fuerte el corazón, asustada comenzó a mover sus brazos. De repente, una figura masculina se acercó a ella y Alina cerró los ojos. Su cabeza era una gran confusión.
—Tranquila… Ya estás bien. Estas en un hospital. Soy Piero. Dante está aquí junto. Tu abuela va a traer a Ángel para que lo veas. Estás bien. Están bien. Ya