Detener a la bruja

Afortunadamente, nos limpiamos con unas toallitas húmedas que Jack tenía guardadas en su escritorio, lo que me hacía pensar que quizás aquello que habíamos hecho, había sido premeditado por su parte.

No existía forma de ducharnos, así que de mala gana había tenido que quitarme el sudor con aquello y perfumar mi cuerpo, dado que realmente no deseaba tener ni un solo rastro del intenso olor a sexo en mi piel.

Tras vestirnos, decidimos caminar por los pasillos sin un rumbo fijo, estaba dispuesta
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