Calmar a Lucila fue todo un desafío, dado que estaba demasiado alterada, aterrorizada en mis brazos y llorando a todo pulmón.
Jack, con mucha paciencia, le había intentado explicar que la abuela era una persona con graves problemas de personalidad y que por lo tanto, aquella faceta solo era un arrebato de la mujer, que tarde que temprano se le pasaría.
Le había suplicado que no tomase en serio sus palabras y solo fuese la niña alegre de siempre, porque de lo contrario,bél se sentiría muy deca