Como habían prometido, se encontraron en la recepción a la hora de salida. Estando allí, las miradas cayeron sobre ellos, pues ya todos sabían lo que pasaba. Anastasia se sonrojó, él le acarició la mejilla con suavidad. Suspiraron.
—¿Te gustaría ir a cenar ahora? —cuestionó él, dulcificando su voz.
—Sí, por favor… Vámonos de aquí.
El rubio rio bajito, tomó su mano y salieron juntos de la Academia mientras se despedían y saludaban también a todos los representantes fuera que, por supuesto, los m