Sin salida.
Cuando la hora de salida llegó, Anastasia tomó con desgana las rosas ante las burlas sanas de sus estudiantes. Ella les rodó los ojos, sonriendo, pero sabiendo que apenas estuviera de camino al penthouse se las daría a alguien más o las echaría.
Sostener esas rosas después de la mirada de Leónidas y su partida, ya no se sentía del todo bien. No quería usar a Lucius para darle celos, sabía que le dolería, pero, es que la presencia de Emily la había enardecido.
Llegó a la recepción, se despidió d