Salvarme a mí misma.
Anastasia.
Bufé al ver a Ezequiel en la puerta, con un ramo de rosas y chocolates.
—Lo envía el señor Vane —me dijo con una sonrisa sutil.
Me encogí de hombros, le hice una seña para que entrara. No quería verlo y tampoco recibir nada más de él. Ezequiel se dio cuenta de eso, me pidió permiso para dejar todo en la mesa, y me observó, o más bien, me escaneó. Me sentí incomoda, así que crucé los brazos.
—Dile que estoy bien —dije con una sonrisa fingida.
Ezequiel se avergonzó. Siguió el camino a