Kyrios emergió en la azotea, su silueta recortada contra el cielo nocturno. Un viento helado soplaba, llevándose consigo las últimas dudas que pudiera tener. Ante él, se erguía el edificio, ominoso y silente, tal como Beltaine lo había descrito con una voz que aún resonaba con ecos de advertencia.
—Aquí... tiene que ser aquí —murmuró, su voz apenas un susurro arrastrado por el viento—. Descenderé a las entrañas de este lugar.
Sus movimientos eran una coreografía de sombras y luz, un parkour que