Kyrios se desplazaba con una agilidad sobrehumana, no por los pasillos, sino por los techos de los edificios del hospital, como un espectro en busca de venganza. Sus movimientos eran un baile frenético entre las sombras y las luces de la noche. Cada salto era un desafío a la gravedad, cada carrera sobre las azoteas una huida de sus propios demonios internos.
De repente, un obstáculo emergía, cortando su camino como un presagio oscuro. Sin vacilar, Kyrios descendía en un salto audaz, sus pies ap