—¡Gira aquí, por Mercurio y todos los dioses veloces! ¡A la derecha, en esta maldita rotonda! —exclamó la pelirroja con un tono que mezclaba urgencia y exasperación.
Kyrios, con la figura de Beltaine colgando de su espalda, avanzaba con paso firme. La pobre no podía ni con su alma después del tute que le había dado el licántropo.
—Lo siento… —balbuceó el Alfa, intentando por enésima vez desde que ella recobró la consciencia, encontrar las palabras para enmendar su error. Con voz ronca y temblor