Beltaine se estremeció, un torbellino de sorpresa y miedo bailando en sus venas. ¿Cómo podía ser tan pesada una simple espada? ¡Por poco y le machaca los dedos!
Lo que más le sorprendía, sin embargo, era cómo Kyrios manejaba ese monstruo de metal con una mano como si nada.
—¡Vamos, cabeza de fuego! —Kyrios ya estaba a su lado, agachado con una velocidad sobrehumana—. Vas a acabar en el hospital si sigues jugando a la guerrera conmigo. ¿Qué demonios pensabas al arrebatarme la espada así, eh?
—Gh