—¡No voy a perder ni un segundo esperando a que te decidas! —exclamó la pelirroja con una chispa desafiante en sus ojos.
Al terminar su frase, Beltaine se lanzó hacia sus objetivos con una destreza y rapidez que dejaron al hombre lobo preguntándose si era su primera vez empuñando una espada.
El hombre lobo estaba genuinamente sorprendido. Levantó las cejas con incredulidad.
—¡Eso es! —gritó él, sobre el estruendo de la batalla para hacerse escuchar—. ¡Me encanta tu entusiasmo!
La pelirroja simp