—Deberías estar descansando, Beltaine. Ayer casi te matan, ¿y aquí estás, trabajando como si nada?
—No es para tanto, Bastian— la pelirroja sonrió con ironía—. Además, prefiero mil veces estar aquí que encerrada en casa.
Ella apoyó con fuerza el pie en el suelo, desafiando el dolor de la herida en su muslo.
—Mira, puedo soportarlo. Y no puedo soportar estar lejos de mis armas. Ellas no se van a pulir solas.
Bastian sacudió la cabeza, su sonrisa era una mezcla de diversión y desafío. No había pa