El silencio se cernía sobre ellos, tan denso y opresivo que parecía una entidad viva. Lylo, con el corazón latiendo en su garganta, temía haber cruzado un límite sagrado con su atrevida solicitud. La tensión en el aire era casi palpable, como si la ira de su Alfa estuviera a punto de desatarse en una tormenta furiosa.
Sin embargo, para su asombro, Kyrios solo levantó la vista al cielo claro y despejado, donde las nubes se desplazaban con indiferencia ante los asuntos terrenales. Con un suspiro