Bastian observó la herida de Beltaine con preocupación, la gravedad de la situación era evidente.
—Beltaine, tenemos que salir de aquí—insistió, su voz era un susurro urgente que resonaba en el silencio del alto edificio.
Beltaine, con su cabello rojo fuego cayendo desordenadamente sobre su rostro, miró a Bastian con una mezcla de dolor y desafío.
—No necesito tu ayuda, no estoy inválida, puedo bajar unos cuantos escalones de mierda—replicó con terquedad, aunque el temblor en su voz traiciona