Beltaine sintió el metal frío de la bala entre sus dedos, el único peso en su existencia mientras corría. El cyborg, una sombra implacable, se elevó ante ella, su presencia una promesa de muerte. Solo un segundo, eso fue todo lo que tuvo para procesar la amenaza antes de que su instinto la empujara hacia adelante.
—¡Corre!—gritó su mente. La pierna herida protestaba con cada zancada, pero el miedo era un maestro cruel que no aceptaba excusas. Las balas se derramaron de su bolsillo como lágrimas