El cyborg elevó sus cejas hasta el nacimiento de su cabello, su expresión una mezcla de sorpresa y desdén.
—¿Saltó? ¿Esa pelirroja se lanzó desde este coloso de concreto y acero? —susurró el adversario, casi admirando la locura de la acción—. Debe haber perdido la razón.
Con un gesto teatral, giró su cuello metálico, emitiendo un sonido siniestro.
—¡La muerte es un arte, y tú, querida, has elegido una salida vulgar! —proclamó, escalando el barandal con gracia robótica—. ¡Pero no te preocupes, s