El impacto resonó a través del silencio de la noche, y el cyborg, imperturbable, giró su cabeza metálica con una lentitud calculada. Su rostro, una máscara de serenidad artificial, no revelaba emoción alguna.
—Suéltalo —la voz de Beltaine, firme y cargada de una autoridad que desafiaba su apariencia desaliñada, cortó el aire como una cuchilla. La pelirroja lo encaraba, pistola en mano, su mirada tan fija y letal como la amenaza que pendía de sus labios—. O juro que te vaciaré los ojos con plomo