Kyrios comenzó a correr a cuatro patas, su cuerpo moviéndose con una velocidad y gracia que desafiaban la naturaleza. La lluvia caía con furia, arrancándole el pelaje de la cara a tiras, cada gota un recordatorio de la ira que ardía en su interior. Apretó los dientes con rabia, sus pensamientos nublados por la furia y la desesperación.
El mundo a su alrededor parecía desvanecerse en un torbellino de agua y oscuridad. La lluvia, implacable y fría, se mezclaba con el sudor y la sangre, creando un