Kyrios acariciaba suavemente el cabello, los pómulos y las curvas del rostro de su compañera humana, Beltaine. Su belleza era tal que competía seriamente con la Diosa Luna misma. La luz de la luna se filtraba a través de las paredes rotas, iluminando sus rasgos con un resplandor etéreo.
—Antes que nada, cura su cuerpo. Que no sienta ningún dolor —murmuró Kyrios, su voz un susurro cargado de preocupación mientras seguía trazando líneas suaves sobre sus pómulos—. Y cuando despierte… dile… —El Lor