Seraphina estaba visiblemente preocupada por el estado de su mejor amiga.
—Dios mío, Melissa, estás en muy mal estado. Tienes la espalda en carne viva. ¡Tenemos que salir de aquí de una vez por todas! —dijo con urgencia.
—No pasa nada —murmuró Melissa, aunque era una mentira evidente. Claro que pasaba algo, y claro que sentía la espalda en carne viva, pero no podía flaquear en ese momento. Debía terminar lo que había empezado.
Vio cómo la sangre volvía a salir de sus oídos, manchando sus brazos