Melissa se quedó inmóvil, su silueta recortada contra la ventana, donde la luz de la luna se filtraba a través de las cortinas, bañando la habitación en un resplandor etéreo. La pregunta de Seraphina flotaba en el aire, una acusación velada que parecía más pesada que la propia noche.
—Quedé atrapada aquí, sí —respondió finalmente Melissa, su voz era un susurro que apenas perturbaba el silencio—. Atrapada en este plano humano por culpa de un amor que se suponía eterno… y ahora, mil años después,