Oscar:
No puedo quedarme de brazos cruzados.
Hace meses cuando Daniel y yo buscábamos un inversionista para nuestro proyecto de fusión, acudimos a una entrevista con Augusto Cuéllar.
El hombre es dueño de una compañía de inversiones, y aunque en aquel momento se negó en redondo a darnos el préstamo, sí que nos ofreció trabajo a Daniel y a mí como ejecutivos en su compañía.
—¿Sigue en pie tu propuesta?- interrogo.
—Por supuesto. Sabes que soy un hombre de palabra.¿Qué cargo te gustaría ocupar?
—