—¿Qué acaba de decir? —murmuró Adeline sorprendida y al momento guardó aire para esperar el siguiente movimiento de Ashal.
«¡Al fin! ¡Al fin! ¡Al fin! Esta noche Ashal me hará suya. Ya de imaginarlo, comencé a calentarme», pensó entusiasmada.
Lamentablemente, sus esperanzas se esfumaron cuando escuchó los profundos ronquidos que resoplaban en su oreja. Indignada, exclamó.
—¿Qué? ¿Está dormido? ¡Arg! Esto no puede ser cierto, solo me entusiasmé para nada. ¡Carajo! ¡Definitivamente estoy destinada