Ashal no era consciente de que se encontraba hablando con la Deidad Suprema, hasta que despertó de su ensoñación y miró a su alrededor con extrañeza.
«¿Qué acaba de pasar? ¿Por qué siento que perdí la noción del tiempo?», pensó.
En ese momento, la puerta de la habitación de Adeline se abrió y la matrona salió.
—Ya puede entrar, señor Ashal.
—¿Adeline sigue dormida? —preguntó, ansioso.
—Sí, el doctor ya la revisó y comprobó que se encuentra bien. En un rato debe despertar, ya que ahora mismo