Como todas las noches, el tirano gobernante de Mont Risto apareció ansioso por devorar a su frágil presa. Adeline, quien apenas se recuperaba del encuentro anterior, miró con terror como de nuevo su esposo volvía por más.
—A… A…. Ashal… ¡Por favor! Esta noche… solo durmamos —suplicó la joven, temerosa ante la enorme figura.
Ignorando la desesperada petición, el insaciable hombre miró perversamente a su víctima y respondió cínicamente.
—Tranquila, hoy puedo ser más delicado que anoche.
—¿Qué? Por