En una celda oscura, Julius Zenitty se mantenía sentado en la misma posición, mirando fijamente la puerta que lo mantenía retenido del mundo exterior.
«¿Cuánto tiempo tendré que esperar en este sucio lugar? Claramente di el primer paso para obligar al duque Adolf a moverse, ¿por qué nadie ha hecho algo para sacarme de aquí? ¡Carajo! ¿Será que el malnacido me traicionó?», pensó ansioso.
En ese momento, sus reflexiones fueron interrumpidas por un soldado, que entró intempestivamente y dijo con f