Él la estaba observando fijamente, pendiente de cada gesto, registrando su reacción. Finalmente, dijo:
— Si quieres, puedes verificar la autenticidad del testamento.
— ¡Vaya lo dices como si fueras un falsificador profesional! – resopló enfadada y triste por la situación.
— En este caso, se trata de un documento auténtico —concluyó— ¿Por qué habría de hacer todo esto si fuera mentira?
—No lo sé. Serías capaz de hacerlo por vengarte de mí – le dijo ella con voz completamente plana.
—En co